“Un domingo cualquiera” el deporte podrido

por Pantxo

A lo largo de los años, el deporte ha sido tema de muchas producciones cinematográficas, centrándose, sobre todo las anglosajonas, en el futbol americano, uno de los tres grandes juegos mayoritarios en los Estados Unidos. No obstante, el football (no confundir con el soccer por aquellas tierras) siempre había sido enfocado de una manera ociosa y pueril, relegándose a pequeños proyectos de productoras como la Disney con su entretenidísima “Equipo a la fuerza” entre otras muchas, y contando todas con una fuerte carga de moralina en historias siempre de trabajo en equipo y superación personal. No sería hasta 1999 cuando el polémico Oliver Stone se decidiera a sumergirse en los poco claros entresijos de este deporte, sacando a la luz la brillante “Un domingo cualquiera”.

Como suele ser norma, para hacer una gran película, has de contar con grandes actores, y desde luego este es el caso. Se forjó un cuarteto protagonista de alto standing, formado por Al Pacino, Dennis Quaid, James Woods y Cameron Díaz, pero para colmo, se ficho a un joven actor en ciernes para llevar el peso del film y el acierto no podía haber sido mayor. Se trataba de Jamie Foxx. El joven y entonces prometedor actor (hoy es una realidad) interpreta a un quarterback novato que se ve de pronto inmerso en el mundo de la fama y el éxito deportivo, el cual no sabrá asumir del todo bien, granjeándole sinsabores con su entrenador Tony D’Amato (Al Pacino) y la veterana estrella del equipo “Cap” Rooney (Dennis Quaid).

Una historia contada con una frialdad y crudeza encomiable, lamentablemente realista y que poco a poco durante el metraje, trata todas las problemáticas del deporte profesional de alto nivel. Sustancias prohibidas para aumentar el rendimiento, lesiones fingidas, peleas internas, guerras de poder entre la directiva (con una más que aceptable Cameron Díaz al frente) y el cuerpo técnico, presiones de los patrocinadores y sus contratos…toda esa parte trasera que no vemos del deporte es lo que nos muestra Oliver Stone sin ningún tipo de tapujos, a sabiendas de que es un director que no suele plegarse a peticiones comerciales. La película merece la pena sin duda, independientemente de que te guste el futbol americano o no, porque esta película, al final, no trata de futbol, sino de personas y sus circunstancias.

Una ensayo, en definitiva, acerca de la maquinaria mediática que nos acaba engullendo a todos en mayor o menor medida, porque, y permitidme la pequeña reflexión personal, al ver esta película tienes la sensación de que además del patrocinador que exprime a ese jugador al límite, o del médico de equipo que le da por detrás unas pastillas sospechosas para que salte al campo, en parte también somos culpables los que pagamos la entrada a precio de oro, o las ultimas zapatillas que esa estrella ha calzado en su último partido, y de esa forma, alimentamos a la maquinaria antes citada. Todo lo que se cuenta en este film, ocurre un domingo cualquiera, es cosa nuestra querer mirar a otro lado o no.

Nota: 81/100

Pantxo

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