El Núcleo

por lendria

Así como ayer señalaba al señor Spielberg como desencadenante del despropósito que se creó después, hoy nuestro inspirador viene de antes y procede del mundo de la palabra escrita. El hombre del que hablo fue un Nostradomus, pero pudiendo conocerse sus escritos antes de que sucedieran las cosas y no, como en el caso de este, siempre tres días después (así es adivino cualquiera). Un escritor visionario en su tiempo, una persona con una imaginación y sed de aventuras desbordantes, un hombre con una barba muy poblada.

Por supuesto no hablo de otro que de Julio Verne, el cual supo en su momento que el ser humano podría viajar bajo el mar sin necesidad de aguantar la respiración y el que planteó una vuelta al mundo en 80 días hasta entonces impensable. Sorprendente es la capacidad de este hombre para imaginar cosas que luego, años después serían una realidad cotidiana. Pero no todas sus historias eran tan plausibles, al menos en un futuro cercano, aunque hay directores de cine que consideran que sí.

Entre la obras del señor Verne, una de las más destacadas es “Viaje al centro de la Tierra”, en la que nos narra como sería llegar al punto medio de este, nuestro esférico planeta.

Estoy seguro de que cuando eran niños Cooper Layne & John Rogers (los guionistas de la criatura) leyeron ansiosos las novelas de Julio (yo le llamo así) y se fijaron con especial atención en la que trata de trazar el radio de nuestro planeta. Luego la vida les hizo seres pesimistas y comenzaron a darle vueltas a que pasaría si el eje de la Tierra se parase. Todo esto hizo un cocktail extraño en su cabeza del que salió la película de la que voy a hablar.

 

Ya he anticipado un poquito el argumento, pero no quiero ser injusto con la película dejando sin una sinopsis. A partir de una serie de sucesos extraños a lo largo del planeta, se descubre que el núcleo de la Tierra ha detenido su rotación, lo cual en pocos meses traerá consecuencias poco agradables a todo lo que conocemos como vida. Para evitarlo el gobierno de USA (porque como siempre son los únicos que se pueden encargar de la salvación del planeta) contacta con el científico que descubrió lo ocurría, interpretado por Aaron Eckhart y otra serie de mentes brillantes del planeta, para poner en marcha una misión que consiste en reactivar la rotación del núcleo soltando en este varias cargas nucleares.

 

Antes de empezar mi disertación sobre el film, os aseguro que no tengo nada en contra de la ciencia ficción y que soy bastante laxo con el concepto de absurdo, es más suelo disfrutar mucho de él. Sin embargo me parece importante hacer distinción entre las obras pretendidamente fantásticas o incluso incoherentes y los despropósitos.

Para mí, esta cinta se coloca en el segundo grupo.

 

Sorprende bastante el plantel de actores más que respetable para poblar una cinta de la que poco más bueno se puede decir. Uno de esos críticos que cobra por esto de ver películas y comentarlas, no como nosotros, dijo de la cinta: “Una tontería (…) El reparto de “The Core” merece una nominación al Oscar sólo por ser capaces de decir sus diálogos sin sucumbir a las carcajadas” (Elvis Mitchell: The New York Times).

 

Os estaréis preguntando como tenían pesado llegar al centro de la Tierra. Pues bien resulta que ha dado la casualidad de que un científico estaba investigando en crear una especie de nave espacial subterránea que perfora mediante una juego de lasers y puede avanzar así bajo la superficie de nuestro planeta. Además acaba de encontrar una aleación de metal que puede aguantar temperaturas absurdamente elevadas y con lo cual, si la utilizamos para la nave antes citada podríamos sobrevivir entre la lava del núcleo, no sólo eso, sino que ese material recoge la energía del calor y la presión de su alrededor y la acumula, puro reciclaje. Como veis una cosa como esa tenía miles de utilidades, como ser la inversión más cara de la historia en espeleología o salvar al mundo.

El diseño de este transporte recuerda al de un anélido y cada una de sus secciones puede separarse del conjunto para que en el momento de soltar las cargas nucleares no haya que

dejarlas todas juntas y puedan repartirse de manera que completen el círculo, cosa absolutamente necesaria para la consecución de la misión, quién no sabe eso.

Por lo tanto ya tenemos el gusano gigante metálico que dispara rayos láser y que carga con suficientes bombas nucleares para destruir varios países pequeños.¿Qué nos falta? Como es evidente que nadie se entere de lo que vamos a hacer, porque así si algún otro país se entera de lo que ocurre pueden poner en marcha otra misión distinta que interceda con la nuestra. Para esto se busca a un hacker que es un experto en multitareas y que para piratear todo internet (sí, habéis leido bien) pide una cantidad ilimitada de videos de Xena y muchos pastelitos. Por cierto para demostrar su eficacia, mientras le están haciendo la oferta para que colabore se dedica a conseguir, gracias a un papel de chicle, que uno de los responsables de la misión tenga llamadas gratis para toda la vida (este es, sin lugar a dudas, mi personaje favorito).

 

Una vez conseguido reunir al grupo los envían a realizar una versión cutre y absurda de “Armageddon” (1998), incluyendo todos los problemas y bajas de componentes de la misión que hacen mucho más épica toda esta historia.

Por lo visto entre este grupo entre los que se encuentran algunos de las más brillantes mentes del planeta, un militar experimentados y una gran piloto y astronauta , a nadie se le ocurre pensar que volver puede suponer un problema sobre todo si detonan las bombas, quizá yo sea muy pesimista, pero a mí me daría que pensar.

 

Es una pena porque la película es elaborada e intentan intercalar la acción con ciertos toques de humor, pero el conjunto fracasa estrepitosamente a todos los niveles. Malgasta un reparto inusualmente bueno para una película de este tipo, entre los que destacan Aaron Eckhart, Hilary Swank y Stanley Tucci. No sé que esperaban ellos que sería esta película, pero quiero pensar que esta no era su idea inicial.

 

En resumidas cuentas, un despropósito de los que hacen época. El guión no había quien lo salvase, pero tampoco es que el director, Jon Amiel (“La Trampa”, “Copycat“), haga demasiado para conseguirlo en la que probablemente sea su peor película. Una vez de pequeño me dijeron “si no tienes nada que bueno que decir, es mejor que no digas nada” y como lo mencionado hasta ahora era lo mejor que se me ocurría, es mejor que acabe aquí mi reseña.

 

Nota:35/100

 

Lendria

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